Pereza para ser ambicioso

Ryokan, el monje zen. Vivía retirado en el monte Kugami, en una choza, con goteras, todo cuanto poesía era un poco de arroz que mendigaba y un puñado de astillas con las que encendía fuego. Era taciturno, hablaba poco, pero se pasaba el día dando tumbos, escribía poemas y en cuanto veía a unos niños jugando a la pelota corría a unirse a ellos. El suyo es un hermoso ejemplo de humildad y sabiduría. Por eso se había llamar Gaigu, el gran tonto. Nunca daba la vara con los sutras ni juzgaba la conducta de los demás. Su espíritu revela una naturaleza despreocupada e independiente, y todavía hoy es reverenciado en Japón. Os dejo uno de sus poemas:

Tengo mucha pereza para ser ambicioso,
dejo al mundo hacerse cargo de sí mismo.
En mi bolsa hay arroz para diez días
y una pila de leña en la hoguera.
¿Para qué hablar de auto-engaño, qué importa la iluminación?
Escuchando la lluvia nocturna golpear contra el techo,
me siento cómodamente con las piernas estiradas.

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