Un monje tonto

Va, tres poemillas más de Ryokan. Que sé que os gustan.

Cuando era muchacho
deambulaba alegre de un sitio para otro
luciendo una vistosa capa
sobre un espléndido cordel castaño.
Galopaba durante el día por la ciudad
por la noche bebía entre los duraznos florecidos del río.
No me preocupaba la vuelta a casa.
Riendo, solía acabar en el burdel.

Noche de verano.
La pasé en vela
contando pulgas.

Por hoy, he terminado de mendigar.
En el cruce de camino giro hacia el santuario de Hachiman
hablando con algunos niños.
El año pasado, un monje tonto,
este año, igual.

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