¡Sed infieles!

¿Es que creéis que es justo hacer responsable a una persona, solo a una persona, de vuestro gozo físico, vuestro atontamiento, vuestra satisfacción? ¿Que cargue con el peso de todos los deleites posibles? Tened un poco de delicadeza, ya que no de sabiduría, y liberadla cuanto antes de ese fardo monstruoso. No pretenderéis que recaiga sobre ella la culpa una vez el deseo quede colmado y las señales de enardecimiento vayan perdiendo intensidad, o se hagan más infrecuentes. ¿Acaso no veis que la inercia todo se lo lleva por delante? ¿Que la fuerza del vínculo ha de medirse frente a la magia de lo imprevisto, y no frente a la rutina? ¿Que cercáis, que recluís, que con vuestros celos y vuestra cobardía lo único que abrís es el sendero que lleva irremisible a la flojedad, la frustración?

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