Estructura

Estrictamente hablando, no vengo de eso que los sociólogos llaman una familia desestructurada. Pero sí, vamos a ser justos, de una familia cuya una estructura no tenía pies ni cabeza. Aún no sé como aquel frágil andamiaje no se derrumbó, llevándonos a todos por delante. A veces pienso que cuando vine al mundo ya todo estaba derrumbado en mi familia, y que solo puedo hablar de las secuelas y efectos perversos de un cataclismo que no viví de primera mano. De los silencios, tristezas y miedos que venían de muy atrás, de las acusaciones y culpas mal repartidas. De las luchas, traumas y rencores que viciaban el ambiente hasta hacerlo irrespirable. Una dolorosa historia (una más) de exilio, humillación y estrecheces continuas.
Tal vez no pueda nunca desembarazarme de todo aquello, pero vivir no es echar cuentas. Con sus chifladuras y limitaciones, cada uno hizo en aquella situación lo que pudo: el daño nunca fue a posta. En cualquier caso, ha propiciado en mi interior cierto desbarajuste y una percepción de la realidad no sé si lúcida o distorsionada. Quizá me engañe a mí mismo, pero por muy felices que parezcan esos que andan por la calle, no puedo dejar de verlos cojos o mancos en algún aspecto esencial, infelices a su manera, supervivientes de una gran catástrofe.

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