Vivir sin gato

Lo hemos probado todo, creedme. Al final, no podíamos más que asumir el desenlace, darle nosotros un empujón y acabar con la vida de un animalillo deliciosamente candoroso, dulce y confiado hasta el extremo. Tomar la decisión ha sido difícil, mucho, pero la realidad, como siempre, ha terminado por imponerse: esperando el milagro, lo único que hacíamos era prolongar la agonía. Hasta el último minuto mantuvo el buen ánimo, ronroneaba a la primera caricia y nos perseguía, a trompicones, cabizbajo, sin fuerzas casi, en busca de lo que ya no podíamos darle. Se fue como vino: por sorpresa.
Quedan las cajas de antibióticos, corticoides y antipiréticos sobre el mármol de la cocina, el rascador junto al sofá, los ratones de colorines desperdigamos por el suelo. Nuestra perplejidad y alivio. La sensación de derrota.
Y pena, mucha pena.
Vivir sin gato es un error, obviamente, una inquietante anomalía. Que nadie se cuele bajo las sábanas por la noche o se abalance a husmear el plato de espaguetis hace que estos gestos simples pierdan bastante de su encanto. La casa se ha quedado pavorosamente vacía. Ya no está él durmiendo sobre la mesa, mientras escribo ahora, ni se levanta para seguir el movimiento de esta línea sobre la pantalla del ordenador. Toca vivir sin gato (otra vez). Es una manera tonta de vivir.

2 comentarios en “Vivir sin gato

  1. Hermoso texto, Fran, sentido, sensible, sincero. Me he emocionado leyéndote y recordando las veces que he pasado por el mismo trago, tres ya, y serán más porque, como tú, apenas concibo mi vida sin gato(s). Yo no podría haberlo expresado mejor. Gracias por regalarme este rato tan emotivo en la aridez de mi día (estoy corrigiendo un libro de astronomía bastante ladrillo).

  2. Gracias a ti, Rosa. Lo escribí bastante estremecido, muy poco después de… bueno, de los hechos. Se trataba de un gato muy juguetón y simpático que recogimos ya enfermo de una protectora. Intentamos que se recuperarse, y la cosa fue bien durante unos meses. Después, una recaída fulminante. El texto me sirvió para reordenarme las sensaciones y poner algo de distancia.
    Siento que tú también te hayas visto obligada a pasar por este tipo de trances, y tres veces ya (dos en mi caso). Los gatos deberían vivir mil años.

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