El mismo día

El mismo día que uno de mis mejores amigos me confiesa, de manera inesperada, que va a cortar con su novia (llevan casi diez años juntos) voy a comerme un melocotón y acabo tirando la mitad a la basura, ese mismo día me entero de que un compañero mío del instituto sufría esquizofrenia y se suicidó hace poco, zampándose un frasco entero de pastillas, y quien me lo cuenta me hace una pregunta más bien trivial y de repente me quedo en blanco (y no me he visto, pero seguro que puse cara de tonto); también, ese mismo día, veo cómo una moto se estampa casi contra un autobús (yo volvía ya para casa) y luego escucho las variaciones Goldberg (pero me acaban aburriendo) mientras respondo por fin a varios mails (hay uno que escribo y reescribo varias veces), y ese mismo día (pero antes, antes de que mi amigo me soltase de golpe que va a cortar con su novia, él, que parecía tan feliz, que no emitió ninguna de esas señales que le hacen pensar a uno que la historia iba a acabar así), ese mismo día pierdo más de diez minutos buscando un lápiz para subrayar la frase de un libro (un libro de Judith Butler) y riego las plantas (están sequísimas), e incluso, ese mismo día, escucho unos ruiditos cortantes, metálicos, casi inaudibles que vienen del piso de enfrente (y pienso: ¿el vecino se estará cortando las uñas?); y también, ese mismo día, pero ya al final, cuando parecía que nada más podía pasarme, ese mismo día se funde la bombilla del escritorio y no encuentro ninguna de repuesto (y las tiendas están todas cerradas), y me llegan, en tropel, las respuestas a los mails que había enviado unas horas antes, y lavo un montón de cacharros que se habían ido amontonando por la cocina, y meto el dedo en la llaga (pero no era mi intención, estábamos hablando de tonterías); y aún ese mismo día, pero ya de noche, ya con una ganas terribles de irme a dormir, aún me da tiempo de rascarme la cabeza, de sentir cómo me rasco la cabeza mientras me rasco la cabeza y llego hasta la nuca, todo eso el mismo día, antes de que el sueño me venza por completo y apague la tele y casi pise a una araña.

4 comentarios en “El mismo día

  1. ¡Gracias, Verónica! Aunque ahora que lo vuelvo a leer creo que me quedó un pelín lioso. Muy interesante también tu blog, sobre todo para los que nos dedicamos profesionalmente a esto de la corrección. A ver si me lo puedo mirar con más calma…

    Un saludo y mucha suerte en todo!

  2. ¡Madre mía! Yo no sabía que tenías un blog, y me tengo que enterar en plena epidemia.
    Me alegro muchísimo, ojalá disfrutes y nos hagas disfrutar, que echamos de menos un poco de civilización en este siglo raro, tan lleno de jóvenes y tristes cosas de colores.

  3. ¡Gracias, Gabriel! Hace años que me puse a lanzar aquí mis cosas, y aunque lo disfruto mucho, no tengo tiempo para cuidar el blog con el mimo que se merece. Me alegra verte por aquí, aunque sea el plena pandemia. Vivimos tiempos raros, desde luego. Y feos. Espero verte pronto, cuando toda esta chifladura pase. Un abrazo y feliz cuarentena!

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